El método Feldenkrais® no es un trabajo “corporal” convencional. De hecho, no es un trabajo “corporal” sino que es un trabajo sobre toda la persona siendo consciente de cómo se mueve, con el objetivo de re-educarse. Esto no es pura semántica, sino que implica una metodología específica y una concepción de cómo nos desarrollamos como seres humanos.
Te mueves para hacer todo lo que haces. Para accionar, para respirar, para pensar. El movimiento es vida y la vida es movimiento. Si aprendes a observarte a ti mismo mientras te mueves, aprendes a observarte mientras piensas, sientes emociones, te relacionas, mientras haces cualquier actividad.
El solo hecho de ser conscientes nos cambia, porque exige una actividad diferente en el cerebro que habilita la posibilidad de mejorar, de crear opciones, maneras de actuar más eficientes. Podemos mover una mano inconscientemente y no sucederá nada, pero si lo hacemos con atención, el desarrollo, el despertar y el aprendizaje comienzan.
La metodología de Feldenkrais® incluye estrategias muy específicas, que son únicas del método, y que lo diferencian de otras prácticas:
No tiene un modelo
Aquí no te imponemos una postura “ideal”, sino que te ayudamos para que, desde dentro de ti, de manera orgánica, emerja la postura “ideal” para ti mismo en cada momento. Así, no necesitas copiar a nadie, sino reorganizarte para estar en el mundo a tu propia manera.
Trabaja sobre la comodidad y no sobre el dolor
En muchas clases de movimiento nos piden que nos esforcemos más, que vayamos hasta que duela un poquito o que “jalemos” un poco más. En Feldenkrais® te pedimos todo lo contrario: que busques la calidad del movimiento y no la cantidad o amplitud. Durante la sesión es muy importante que nada duela, ni siquiera moleste. Tu seguridad y comodidad son fundamentales para que el aprendizaje se pueda dar. Ante el dolor, se activan mecanismos de defensa que impiden el aprendizaje. En un contexto seguro, el sistema nervioso está abierto para la mejoría. Esto no quiere decir que todos los movimientos sean “fáciles”, sino que aprendes una manera de organizarte sin esfuerzo innecesario incluso en las acciones más complejas.
Implica a toda la persona
Cuando vienes a una clase de Feldenkrais® no trabajas con tu hombro, o con tus abdominales, trabajas con todo tu ser. La vía de acceso es el hombro, o la pelvis, o la respiración, pero no se queda ahí, sino que aborda a toda la persona en movimientos, pensamientos, emociones y acción.
Aprendes por ti mismo de manera orgánica
Como no hay un modelo, no hay una postura impuesta desde afuera. Así, la mejoría viene desde dentro de ti, desde una profunda re-organización de tu sistema nervioso, desarrollándote, como hacen los bebés, a través del movimiento.
Facilita cambios más perdurables
Al habilitar cambios que surgen desde adentro de ti de manera orgánica, y no son impuestos desde fuera, es mucho más fácil mantener la mejoría obtenida.
Metodología específica para sentirte a ti mismo
En muchas clases de movimiento, nos dicen, “siente tu espalda” o “sé consciente de tus movimientos”. Pero, ¿cómo hacemos eso? Muchas personas saben hacerlo espontáneamente, otras no. Para poder sentirnos a nosotros mismos en detalle, necesitamos entrenar nuestro sentido kinestésico, lo cual Feldenkrais hace de manera única.
Aborda a la persona cómo un sistema
Como seres humanos somos un sistema vivo, y como tal funcionamos. Cualquier cosa que hagamos con una parte de nosotros mismos tiene una influencia en todo nuestro ser. Teniendo esto en mente, si hay molestias por ejemplo en el cuello, puedes aprender cómo usar tu pelvis para que el cuello mejore, sin estar sobreexcitando la zona afectada.
Todas estas características del método, permiten que su práctica tenga un impacto sobre toda la persona de manera integral. No solo aprendes a moverte mejor, sino que mejoran tus pensamientos, tus emociones, y toda tu acción en el mundo.